Oxigenoterapia en niños

Existen diversas razones por las cuales un niño puede requerir oxigenoterapia. En algunos casos se trata de enfermedades agudas, como la neumonía, que requieren del uso temporal de este tratamiento. Por otro lado, en otros pocos casos se utiliza para asistir en el tratamiento de enfermedades crónicas en niños.  La oxigenoterapia es una manera de suministrar suficiente oxígeno para un funcionamiento adecuado del organismo cuando este no puede obtenerse por medio de la respiración normal.

Sin las cantidades necesarias de oxígeno, una condición llamada hipoxemia, los niños pueden sufrir complicaciones que se manifiestan como dolor de cabeza, mareo y dificultad para respirar. Sin el tratamiento adecuado, la hipoxemia puede hacer más largo el proceso de recuperación y, si se prolonga la deficiencia de oxígeno, los niños corren el riesgo de desarrollarse inapropiadamente.

 

En algunos casos, la oxigenoterapia se prescribe para aplicarse en casa. Por ello es necesario que los encargados del cuidado del niño aprendan a aplicar la oxigenoterapia, así como a  manejar el equipo y los síntomas que hacen necesaria su aplicación. Conforme el niño se recupere, el uso de la oxigenoterapia disminuye gradualmente hasta que el niño es capaz de mantener niveles normales de oxígeno en la sangre sin requerir oxígeno adicional.

De acuerdo a la edad del niño hay diferencias en la aplicación de tratamiento pues, generalmente, los más pequeños requieren de un humidificador junto con la oxigenoterapia. Esto se debe a que el oxígeno que se aplica es un gas frío y seco que puede producir reacciones adversas como dolor e irritación en las fosas nasales y secreciones nasales. Los niños mayores tienden a tolerar mejor el tratamiento sin humidificador pero en los más pequeños su uso es casi generalizado.

Concentradores portátiles de oxígeno

El concentrador portátil de oxígeno es un aparato que proporciona oxígeno en una concentración mayor que la encontrada normalmente en el aire. Se utiliza como una alternativa que permite llevar una vida más activa que con los tanques de oxígeno o los concentradores convencionales, los cuales, por su peso y dimensiones, obligan al paciente a mantenerse en un sitio junto al suministro de oxígeno. Respecto a los concentradores portátiles, hay tres factores a tener en cuenta al momento de seleccionar uno: el peso, la duración de la batería y la flexibilidad en el uso.

En cuanto al peso, existe una gran variedad de concentradores portátiles, desde los que pesan menos de dos kilogramos hasta cinco. El peso del concentrador portátil de oxígeno depende en gran medida del peso de la batería. Sin embargo, las innovaciones tecnológicas permiten que cada vez más los concentradores sean más pequeños, ligeros y ajustables a las necesidades de cada usuarios. La flexibilidad en el uso es muy relevante pues los concentradores portátiles con más opciones en su funcionamiento dotan al paciente de una mayor autonomía. Por ejemplo, algunos concentradores funcionan por pulsos, es decir, solamente suministran oxígeno cuando el paciente inhala. Otros incluyen la opción de flujo continuo, lo cual puede ser más conveniente para algunos usuarios pero esto es posible a expensas de la duración de la batería.

Otras opciones adicionales de los concentradores portátiles de oxígeno se refieren al volumen del flujo, o Litros Por Minuto (LPM), pues algunos usuarios requieren de niveles desde 2 LPM hasta 6 LPM o incluso más. Los primeros concentradores portátiles con la opción ajustable para el flujo de oxígeno ofrecían hasta un máximo de 5 LPM, por lo que resultaban inútiles para las personas con mayores necesidades de oxígeno. Sin embargo, recientemente se han desarrollado concentradores portátiles capaces de ofrecer un flujo de oxígeno de hasta 10 LPM.

De la misma manera, también han tenido lugar mejoras en la duración de la batería. Como se menciono antes, el peso de la batería influye mucho sobre el peso total del concentrador de oxígeno portátil. Sin embargo, las innovaciones tecnológicas recientes han permitido que estos funcionen más eficientemente, lo cual permite que se produzca más oxígeno con menos energía. Con esto se tiene que, si bien la batería no pesa significativamente menos, si dura más tiempo.

Concentradores de oxígeno

Existen en el mercado varios tipos de aparatos para suministrar oxígeno. Qué tipo es más adecuado, según el caso, depende de dónde vive el paciente y para qué necesita el oxígeno. El oxígeno se puede suministrar por medio de tres tipos de dispositivos: concentradores de oxígeno, sistema líquido y tanques de oxígeno. En este artículo nos enfocaremos en el primero de estos tres tipos.

Los concentradores toman el aire del ambiente, que contiene una concentración de oxígeno del 21%, y lo hace pasar por un filtro que recoge solamente el oxígeno y lo guarda en un depósito. La concentración de oxígeno de estos aparatos es de entre el 90 y 95%. El depósito, evidentemente, tiene una capacidad de almacenamiento limitada, por lo que todo el oxígeno que ahí se guarda se transfiere al tubo que suministra el oxígeno directamente al paciente.

Los concentradores de oxígeno funcionan con electricidad y pesan unos 22 kilogramos, aunque típicamente tienen ruedas para moverlos con facilidad dentro de la casa. Si bien estos aparatos no están diseñados para ser plenamente portátiles, recientemente se ha desarrollado un nuevo aparato que permite llenar de oxígeno depósitos portátiles desde un concentrador. También se ha estado desarrollando un concentrador más liviano, de unos cinco kilogramos, y que funciona con batería.

Para optimizar el funcionamiento del concentrador, este deberá ubicarse en un sitio bien ventilado, lejos de muros y muebles. El compresor que concentra el oxígeno emite un ruido que puede resultar molesto para algunas personas. Además, hay que tener algunos cuidados adicionales para mantener el  concentrador en perfecto estado. Por ejemplo, los concentradores tienen una entrada de aire que ha de mantenerse siempre descubierta para permitir la entrada del aire. El filtro también debe lavarse una vez por semana con detergente para lavavajillas, debe aclararse y secarse perfectamente antes de ponerlo en su sitio de nuevo.

Qué es la oxigenoterapia

La oxigenoterapia  es un tratamiento para suministrar oxígeno, un gas indispensable para la vida, en cantidades adicionales a las encontradas normalmente en el ambiente. Los pulmones habitualmente absorben el oxígeno del aire. Sin embargo, existen algunas enfermedades que dificultan la obtención de una cantidad adecuada de oxígeno. Quienes padecen estas afecciones experimentan dificultades para respirar. Con la oxigenoterapia el suministro de oxígeno aumenta, lo que ayuda a quien la padece a respirar adecuadamente.

No obstante, la oxigenoterapia se utiliza también para tratar circunstancias muy diversas como el síndrome de descompresión, quemaduras, envenenamiento por monóxido de carbono, entre otras. Incluso  se recomienda su uso en pacientes con parálisis cerebral, autismo,  esclerosis múltiple y accidente cerebrovasculares. Además, debido a sus efectos para mejorar la inmunidad, se aplica también en personas con sistemas inmunes disminuidos.

Tradicionalmente, el paciente recibe el oxígeno adicional por medio de tanques de oxígeno comprimido, oxígeno líquido o concentradores de oxígeno que se conectan a una mascarilla que cubre nariz y boca, a unos tubos de plástico que se insertan en la nariz o por medio de un pequeño tubo que se inserta en la tráquea. La oxigenoterapia usualmente se aplica en hospitales, aunque para pacientes con enfermedades crónicas, también se puede suministrar en casa.

Dado que se trata de un tratamiento médico  es importante acudir a un facultativo para que este determine la conveniencia de la oxigenoterapia, ya que no está exenta de riesgos. El médico deberá evaluar al paciente y determinar si es un buen candidato para la oxigenoterapia. Esta decisión se toma basándose en los resultados de analíticas y pruebas, tales como la oximetría, que se utilizan para medir la cantidad de oxígeno presente en la sangre.

Radiofrecuencia bipolar y tripolar

La radiofrecuencia bipolar para el rejuvenecimiento de la piel consiste en la aplicación de dos electrodos colocados sobre el área a tratar. La corriente eléctrica que viaja entre ellos es baja y no muy profunda (entre dos y cuatro milímetros). Por esto, los tratamientos de radiofrecuencia bipolar son más seguros y suaves en comparación con la radiofrecuencia monopolar (que utiliza un solo electrodo). Una ventaja importante del tratamiento bipolar sobre el monopolar es que, dado que la aplicación de la radiofrecuencia bipolar se hace a una menor profundidad, el riesgo de sobrecalentamiento que provoca pérdida de grasa facial es menor. Sin embargo, esta misma ventaja puede ser también un inconveniente para el tratamiento de la celulitis o de la eliminación de grasa. Por tanto, la radiofrecuencia bipolar está mejor diseñada para tratamientos faciales.

Normalmente, con una sesión de radiofrecuencia bipolar se esperan resultados más sutiles en comparación a un tratamiento monopolar. Por tanto, para obtener resultados notorios es necesaria la aplicación de varias sesiones. No obstante, para intensificar sus efectos, la radiofrecuencia bipolar generalmente se combina con otros tratamientos como el láser que moldean la piel. Con esto se hace posible  no solo obtener una piel más firme, sino también disminuir la apariencia de arrugas y líneas de expresión.

Pero, si la radiofrecuencia monopolar y bipolar parecen ser tratamientos complementarios, ¿por qué no unirlos en un solo aplicador? Esto es justamente lo que propone la radiofrecuencia tripolar. Se trata de un aparato que combina electrodos monopolares y bipolares en el mismo aplicador para aplicar simultáneamente calor en profundidad (monopolar) como superficial (bipolar).  Con ello se logra regenerar el colágeno, fundamental para la firmeza de la piel, al igual que disminuir la apariencia de la celulitis y la disminución de grasa localizada.

Qué es la Radiofrecuencia

La flacidez del rostro que ocurre naturalmente con la edad es un problema que preocupa a mucha gente, sobre todo teniendo en cuenta que hay muy poco que se puede hacer para prevenirlo definitivamente. Sin embargo, una vez que la piel ya está flácida, el único método disponible para solucionarlo efectivamente es el estiramiento facial, pero este procedimiento es caro, conlleva los riesgos de una cirugía y además requiere de al menos un par de semanas de recuperación. Teniendo esto en cuenta,  no resulta sorpresivo el  interés suscitado por un novedoso método no invasivo para estirar la piel: la radiofrecuencia.

Para rejuvenecer la piel, la radiofrecuencia se basa en el uso de ondas electromagnéticas que penetran los tejidos. Cuando las ondas se absorben, el calor se irradia a los tejidos de tal forma que se generan cambios en la estructura molecular. Estos cambios estimulan la producción de colágeno, una proteína esencial para la firmeza de la piel.

El tratamiento con radiofrecuencia se aplica por medio de un electrodo que se coloca sobre la piel para administrar ondas electromagnéticas. Obviamente, el tratamiento está diseñado para tratar la piel en profundidad y con dosis controladas para no causar daños. Debido a que se genera calor, los aplicadores también incorporan un enfriador para prevenir posibles quemaduras a la epidermis (la capa externa de la piel). Así, el tratamiento produce lesiones por calor a las capas más profundas de la piel y, al mismo tiempo, la superficie de la piel queda intacta.  Estas lesiones sub-dérmicas son necesarias para regenerar el colágeno que produce el efecto rejuvenecedor.

Con este procedimiento los riesgos  y el tiempo de recuperación se reducen en comparación a una cirugía estética, pero los resultados suelen ser moderados en términos de rejuvenecimiento. Sin embargo, el tratamiento con radiofrecuencia no está limitado a restaurar la firmeza de la piel sino que también puede utilizarse para  cerrar los poros, como tratamiento para el acné y para reducir los depósitos de grasa.

Que es la cavitación

La cavitación es un tratamiento cosmético para reducir la grasa de áreas específicas, minimizar la celulitis o moldear la figura que hace uso de ondas ultrasónicas para producir un fenómeno que destruye las células que almacenan la grasa. En el tratamiento con cavitación se utiliza una máquina que produce dichas ondas. Dado que son de frecuencia ultrasónica, no se escuchan cuando vibran.

Para comprender mejor cómo funciona la cavitación recordemos una  lección del colegio. La frecuencia de las ondas sonoras se mide en Hercios (Hz). Los humanos somos capaces de escuchar frecuencias entre veinte y veinte mil Hercios. Todas aquellas ondas por encima de este máximo se llaman ultrasónicas y no las podemos escuchar. Es en este rango de donde salen las ondas utilizadas para la cavitación.

Cuando el aparato se aplica en el área a tratar, este emite ondas ultrasónicas que producen cambios en la presión a las paredes de las células adiposas. Cuando las células hacen implosión ocurre el efecto de cavitación. La grasa antes contenida dentro de las células es posteriormente eliminada por el proceso metabólico normal del cuerpo.

Dado que por motivos de seguridad la duración de la exposición a las ondas ultrasónicas es corta, el poder de cada sesión para reducir la grasa es limitado. Es por esta razón que se recomiendan sesiones adicionales  – generalmente entre dos y seis sesiones -  para maximizar  la destrucción de células adiposas del área tratada y con ello mejorar el aspecto del área tratada.

Tratamiento para quitar grasa por cavitación

La cavitación ofrece a las personas – hombres y mujeres – que desean tornear su figura o deshacerse de un michelincito de grasa una alternativa rápida, no invasiva y relativamente barata. Con este tratamiento los resultados son inmediatos, si bien generalmente es necesaria más de una sesión para obtener efectos visibles. Concretamente, el tratamiento con cavitación usualmente requiere entre dos y cinco sesiones en total.

Eso si, no se trata de una cura milagrosa capaz de convertirnos en modelos de revista. La cavitación no es un remedio para la obesidad o el sobrepeso. Su propósito es reducir la grasa de áreas específicas del cuerpo como los muslos, la cadera o el abdomen. ¿Y los resultados que se pueden esperar? Con una sesión se pueden perder hasta dos centímetros del abdomen. Seguramente esos dos centímetros no serán visibles a simple vista pero con la asistencia semanal a las sesiones subsecuentes los resultados no sólo se podrán medir sino que también se notan.

Dado que las células que almacenan la grasa del área tratada se destruyen, la cavitación proporciona un método permanente para perder peso, ya que estas células no se regeneran. Sin embargo, eso no impide que los efectos de la cavitación se pierdan si no se mantiene un estilo de vida saludable con dieta y ejercicio. Cabe apuntar también que este método no es un sustituto de un régimen alimenticio sano y una vida activa.  Es más adecuado considerar a la cavitación como una ayuda para mejorar el aspecto físico cuando la dieta y el ejercicio no surten el efecto deseado en un área específica, por ejemplo, la celulitis en los muslos. Por ello, la cavitación es ideal para reducir y contornear aquellas partes problemáticas del cuerpo que más nos molestan.

Beneficios de la cavitación

Con la gran cantidad de tratamientos estéticos y cirugías para cambiar el aspecto físico que continuamente aparecen en el mercado, es difícil determinar cuáles de ellos son seguros y cuáles son fraudes en toda regla. Para ofrecer algo de claridad al respecto, en este artículo nos interesa puntualizar los beneficios de un tratamiento novedosos para  eliminar pequeñas áreas de grasa localizada y la celulitis sin los riesgos de un procedimiento quirúrgico. La cavitación, el nombre con el que se conoce a este tratamiento,  hace uso de un fenómeno físico que ocurre al aplicar ultrasonido al organismo. Las ondas ultrasónicas generan cambios de presión en las células que almacenan la grasa y en los fluidos alrededor de ellas hasta el punto que las paredes de las células se rompen, liberando así la grasa que contienen. Esta grasa es posteriormente absorbida por el sistema linfático y desechada naturalmente por el organismo.

La principal ventaja de este tratamiento se debe a su condición no invasiva, por lo que no es necesaria la anestesia, ni la medicación, ni la hospitalización previa o posterior al tratamiento. Igualmente no se causan cicatrices ni daños a la piel y no se requiere de periodos de recuperación que obligan a detener la rutina diaria.  La aplicación del tratamiento no causa dolor y, en algunos casos, solamente un poco de incomodidad. Además, la duración de las sesiones es corta, aproximadamente treinta minutos, por lo que se puede adecuar a las necesidades de personas muy ocupadas.

Igualmente, es importante considerar que la eliminación de la grasa se realiza por medio de un proceso natural del organismo, como se menciono al inicio de este artículo. Al finalizar el tratamiento con cavitación, se puede esperar obtener cambios en el contorno de la figura, disminución de la celulitis o piel de naranja y en la apariencia de las estrías. Por otra parte, en comparación con otros tratamientos, la cavitación es un procedimiento asequible a muchos bolsillos.

Finalmente, hay que recordar que los resultados específicos dependen de las características de cada paciente y que la cavitación no es un sustituto de un estilo de vida saludable con un régimen alimenticio adecuado y ejercicio.